Miradas universitarias para el desarrollo económico y financiero del Sur del Tolima
Miradas universitarias para el desarrollo económico y financiero del Sur del Tolima

Entre agosto y diciembre de 2016 el Banco de la República, con el apoyo técnico y financiero de la Iniciativa de Finanzas Rurales de USAID, llevó a cabo una encuesta de inclusión financiera rural en tres municipios del Sur del Tolima, una región de difícil acceso ubicada en el centro de las montañas de Colombia, zona en la cual se originó la guerrilla de las FARC hace más de sesenta años.

Este proceso de recolección de información, y una posterior sensibilización en educación financiera a algunas de las asociaciones de productores rurales que fueron entrevistadas, fue posible gracias a una alianza estratégica suscrita entre el Banco, IFR y la Universidad de Ibagué a través de su programa Paz y Región, segmento curricular que tiene como objetivo involucrar a los estudiantes con el desarrollo del Tolima, ubicándolos durante un semestre en municipios del departamento para diseñar y ejecutar proyectos sociales, de empoderamiento económico, planeación local e infraestructura.

Para este caso particular la Universidad delegó a cuatro estudiantes de últimos semestres de pregrado, quienes durante cuatro meses vivieron en los municipios de Ataco, Planadas y Rioblanco, recorrieron sus veredas y centros poblados, entrevistaron a asociaciones de productores, pequeños empresarios rurales, autoridades locales y líderes comunitarios, para conocer de primera mano sus necesidades y conocimientos en materia de inclusión financiera; insumos estos que, además de ser analizados y publicados por el Banco de la República para incidir en política pública, están sirviendo de base para el desarrollo de productos de cinco entidades financieras que, con el apoyo de IFR, llegarán a la región: Banco Agrario, Banco de Bogotá, Davivienda, Bancamía y Coofisam.

Hernando Ramírez fue uno de los estudiantes encargados de las encuestas, un joven de 25 años que con su historia refleja la división existente entre la Colombia rural y la Colombia urbana. A pesar de haber nacido en Ibagué, a poco más de 4 horas en carro de Planadas, a punto de graduarse de Ingeniería Industrial, reconoce que su conocimiento de lo rural se limitaba a las fincas de recreo en los municipios cercanos a su ciudad, y que en cambio tenía en su imaginario que los tres municipios del sur de su departamento, eran zonas de guerra, inhóspitas y peligrosas.

Precisamente por ese mismo imaginario, cuando la Universidad le informó que su lugar de trabajo sería Planadas y, más que eso, que debería movilizarse a zonas en donde ha sido histórica la presencia de la guerrilla, su primera reacción fue de nerviosismo. Más lo fue para su mamá, quien incluso se comunicó con la Universidad para pedir que no pusieran en peligro la vida de su hijo.

Sin embargo, una vez capacitado por parte del Banco de la República, IFR y la Universidad respecto a la importancia de la investigación de la que iba a ser parte, y entendiendo que su inmersión en el territorio estaría acompañada por otros programas de USAID presentes en el territorio (Colombia Responde y Programa de Tierras y Desarrollo Rural), finalmente aceptó el reto que, afirma, “ha sido fundamental para cambiar mi percepción sobre mi departamento y entender cuál puede ser mi aporte como ingeniero industrial a la construcción de país, empezando desde el campo”.

Y es que más allá de poner en práctica las teorías aprendidas en sus clases, para Hernando su participación en este proyecto le sirvió para entender mejor la historia del país, para reconocer los retos del postconflicto, pero además el enorme potencial económico de zonas rurales como las del Sur del Tolima. “Antes de llegar yo pensaba, ¿para qué les va a interesar a los bancos ir a esa zona del país?, pero una vez allá me di cuenta que hay oportunidades de negocio muy grandes, porque es otra Colombia, una Colombia que está en pleno desarrollo, que tiene mucha potencialidad, donde se produce el mejor café del mundo, donde hay gente muy trabajadora que quiere salir adelante; pero donde faltan bancos, vías y educación”, afirma Hernando.

Identificar los principales desafíos y las posibles líneas de respuesta rápida para el desarrollo económico de esa región desde la perspectiva de la inclusión financiera fue precisamente el centro de la investigación. Para eso la encuesta fue instalada en tabletas electrónicas con un aplicativo que permitía cargar la información sin necesidad de conexión a internet, pero que al contacto con una red de wifi se subía rápidamente a un sistema central que se podía consultar desde cualquier parte.  Esto le dio mayor confianza a la población que fue entrevistada, que usualmente le teme a encuestas en las que deben firmar o escribir. “Muchos decían que si tenían que firmar mejor no, porque ya les había pasado que les habían hecho firmar y luego salían reportados en Datacrédito o reportados por ahí en cosas raras. La gente tiene mucha desconfianza aún de las cosas externas, de lo que viene de afuera, en parte por culpa de la violencia que vivieron”.

Al mismo tiempo, este aplicativo permitió hacer análisis rápidos y entregar en poco tiempo los principales hallazgos a las entidades financieras y a IFR para que comenzarán a plantear soluciones, como la apertura de oficinas y corresponsales bancarios, el diseño de un programa de capacitación en habilidades gerenciales para las asociaciones de productores, o la estructuración de productos de financiamiento de cadenas de valor usando como garantía órdenes de compra.

Hernando afirma que para llegar a esa recolección de información fue necesario establecer primero lazos de confianza con los campesinos, algo que no fue fácil por la diferencia cultural que existe entre esas dos Colombias. “Para hablar con la gente la estrategia se armó durante el ejercicio, en campo. Se les preguntaron cosas desde un marco de respeto, de entender que es una cultura que es organizada porque ha sufrido el abandono estatal y la guerra; gente que encontró en la organización social la forma de sobrevivir y de salir adelante”, afirma.

Para cumplir con el objetivo de entrevistar población de zonas rurales dispersas Hernando, como sus demás compañeros, debió hacer viajes de más de cuatro horas por entre algunas de las montañas más agrestes de la geografía colombiana, caminar, montar en motocicleta, en caballos y, en un par de ocasiones, ayudar a las camionetas de transporte público a salir del lodazal en el que se suelen convertir algunas de las vías rurales en invierno. “En esos momentos de viajes que parecían interminables yo lo que pensaba es que con esa falta de infraestructura lo que estamos haciendo es desaprovechando el potencial del campo, la riqueza de un territorio en donde lo que siembres se produce y se produce con calidad, no por nada de allí sale el 12% del café de exportación de Colombia”, reflexiona Hernando.

Pero más allá de eso, otra reflexión que hizo tiene que ver con que, ante la falta de vías de acceso y la precaria existencia de entidades financieras en la región, los campesinos no han establecido una cultura del ahorro formal, porque si bien hacen inversiones en compra de predios, o de animales, no ahorran en entidades financieras y es mucho el dinero que se mueve en los centros poblados producto de los agronegocios. “Yo vi en Gaitania a un señor que en una bolsa que cargaba en la mano tenía al menos 50 millones que había recogido en una quincena, y vi a otro con una tulita al hombro con dos o tres millones de pesos, producto de la venta de café, cacao o frutales; y entonces como no hay un banco pasan dos cosas, o se gastan la plata sin control, o la invierten en cosas que no son rentables, o sencillamente se pierden la oportunidad de ahorrar para su vejez, y eso pasa por la ausencia de servicios financieros de calidad y a la medida para la gente”; afirma recordando que para los habitantes de estos centros poblados el banco más cercano está a dos o tres horas de camino.

En palabras de Hernando, es por esto que la gente cree que cuando se plantean procesos de inclusión financiera se hace pensando en centros urbanos y no en la población que vive en lo rural disperso, donde las dinámicas socioeconómicas son distintas; por eso, dice él, si las entidades financieras que apoyaron este proceso de diagnóstico saben entender estas dinámicas y dan respuesta a las necesidades de la población rural, se aporta verdaderamente al desarrollo del campo.

Una de sus principales conclusiones luego de esta inmersión en la zona rural es que “la gente quiere es que la dejen trabajar, que le garanticen la seguridad y les mejoren las condiciones de vida”; parte de ese mejoramiento tiene que ver con el acceso a servicios financieros, de allí que como parte de su trabajo en la zona, Hernando, junto con otro de sus compañeros dictaron un total de 8 talleres de educación financiera a más de 70 personas, a quienes se les explicó cómo llevar mejor sus cuentas, y cómo administrar sus recursos, en lo que es la primera fase de un proyecto de más largo aliento entre la Universidad de Ibagué e IFR para el fortalecimiento de habilidades gerenciales de asociaciones de productores.

Con todo este aprendizaje, pero además con la sensación de que debe seguir aportando al desarrollo del campo colombiano, Hernando, que se gradúa en marzo, espera dedicar sus próximos años a viajar, hacer contactos y aprender más conceptos claves para darle forma a un proyecto de alguna de las comunidades y organizaciones que conoció; un proyecto de vida que hasta hace seis meses, en su cotidianidad de citadino le era impensable.

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